¿Está muriendo nuestra democracia?

Leí hace unos meses el libro Cómo mueren las democracias de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. Siguiendo mi cuestionable costumbre de subrayar, escribir, tachar, apostillar y ensuciar el libro, a medida que iba leyéndolo me venía a la cabeza lo que estamos viviendo cada semana desde hace años en España. Eso me ha empujado a escribir, sin ánimo académico, sobre la alguna de la razones que esgrimen los autores como determinantes de la muerte de las democracias y ponerlas en relación con lo que estamos viviendo en España los últimos años.

Antes de adentrarme en materia, unos cuantos avisos. El libro se refiere esencialmente a USA, toma algunos ejemplos de otros países, pero su análisis está circunscrito al entorno norteamericano. El ensayo de Levitsky y Ziblatt se remonta a los orígenes de los Estados Unidos y de su historia constitucional. En mí caso, mi propuesta arranca en el año 2018 y tampoco entro a valorar todos los aspectos que a mi juicio están erosionando nuestra democracia puesto que se trata solo de alertar sobre lo que ya tenemos encima. No tengo ambiciones académicas, ni doctrinales. Me limito a proponer la reflexión bajo la guía de Levitsky y Ziblatt.

Empecemos por lo que el libro denomina Alianzas Fatídicas. En el año 2018 triunfa la moción de censura promovida por Pedro Sánchez con el apoyo del PSOE, Podemos, PdCat, Compromís, Bildu, PNV, Nueva Canarias y ERC. Solo votó en contra el PP. A partir de esa legislatura se producen las alianzas entre el PSOE, partido considerado de Estado y Constitucionalista, con todas las fuerzas parlamentarias a su izquierda. Es irrelevante que entren en el gobierno o no. Lo importante es que la agenda de gobierno la marcan quién apoyan la investidura. Después, en 2024, los apoyos al candidato del PSOE proceden de Sumar, ERC, PNV, Bildu, BNG, y Coalición Canaria. Ahora es el momento de reflexionar sobre si estas alianzas del PSOE con partidos independentistas o de extrema izquierda, o ambas cosas, pueden considerarse alianzas fatídicas que pongan en riesgo nuestra democracia. El elemento esencial es valorar si el proyecto y objetivos políticos de estos partidos están dentro del marco constitucional. La respuesta claramente es que no: unidad nacional, monarquía parlamentaria, división de poderes, etc…. Entonces, por qué son aliados del PSOE y los propios dirigentes del PSOE lo aceptan. “La abdicación de la responsabilidad política por parte de líderes establecidos suele señalar el primer paso hacia la autocracia de un país” (pag. 29). Aquí está la raíz del problema. Quién debiendo alzar la voz y teniendo las herramientas para hacerlo, calla. Es también destacable que al votante se le privó de la posibilidad de decidir si estaba o no de acuerdo con tales alianzas, puesto que no figuraban en el programa electoral del PSOE y fueron expresamente negadas durante la campaña.

Levitsky y Ziblatt sostienen que “los partidos políticos son los guardianes de la democracia”. No olvidemos que ellos analizan en clave americana. Aquí no ocurre porque, no puede guardar la democracia quien no es demócrata y, en España el funcionamiento interno de los partidos políticos es insultantemente dictatorial y eso favorece los gobiernos autócratas. Y no quiero dejarlo pasar, contravienen el artículo sexto de la CE.

Avanzando al mismo ritmo que nuestro libro de referencia. Nos proponen cuatro reglas conductuales para identificar a una persona autoritaria:

  1. Rechaza, ya sea de palabra o mediante acciones las reglas democráticas del juego.
  2. Niega la legitimidad de sus oponentes.
  3. Tolera o alienta la violencia.
  4. Indica la voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios de comunicación.

En estos últimos siete años el Gobierno del PSOE-PODEMOS-SUMAR, es decir, el poder ejecutivo, ha neutralizado al poder legislativo. No se debaten, ni aprueban leyes en las Cortes. El gobierno lo poco que gobierna, lo hace mediante decretos. No se someten al debate parlamentario las leyes de presupuestos. Las sesiones de control al gobierno se despachan sin responder a ninguna pregunta, ante la impasividad de la presidenta de las Cortes. Nos recuerda el libro como Allende decidió llevar a cabo su programa al margen de la asamblea legislativa (pag. 136). Eso mismo dijo el presidente Sánchez poco después de ser investido. Desactivado el parlamento, el Gobierno lleva años trabajando para desactivar al poder judicial. Nombramiento de un presidente del Tribunal Constitucional (no es poder judicial pero ya vemos como se irroga competencias que no tiene) afín al Gobierno, nombramiento de vocales del TC ex miembros del Gobierno (exministros, exdirectoras de gabinete, etc…), fiscal general del Estado como delegado del gobierno en el poder judicial (“¿de quién depende?, pues eso”), ataques feroces a los jueces que investigan al gobierno. Esto solo es una pequeña muestra. La hemeroteca, mejor que mi memoria, ayudará a los interesados en ampliar la lista.

Al igual que ocurre ahora, otros autócratas como Perón (en 1946) y Fujimori (en 1997) ya calificaron de prevaricadores a los jueces de sus respectivos Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional hasta que lograron su dimisión y destitución y pudieron poner a sus títeres. Exactamente igual que sucede ahora cuando la judicatura persigue los presuntos casos de corrupción de la familia del presidente del Gobierno, sus ministros más cercanos o su partido político. Otro preocupante paralelismo. Y ya hemos dado el salto de la autocracia a la corrupción (presunta), ambas conviven pacíficamente.

Estos tres poderes son parte esencial de las reglas democráticas del juego y junto a los denominados contrapoderes, hacen que las democracias se sostengan y sobrevivan a los sueños de autocracia de algunos políticos. Pues bien, en estos últimos siete años esta ha sido la estrategia del Gobierno y los partidos políticos que les sustentan (PSOE y SUMAR). Se han ido desmantelando sistemáticamente todos los contrapoderes (Banco de España, Defensor del Pueblo, Consejo de Estado, etc.). ¿Ha levantado alguno de ellos la voz ante las tropelías jurídicas que se están perpetrando? Mientras, la sociedad calla y los pocos medios de comunicación independientes (sinceramente creo que ninguno lo es) que lo denuncian reciben el insulto y la presión asfixiante del gobierno y de los hooligans que pueblan sus partidos políticos por las redes (anti)sociales

Sigo agavillando ideas del libro, sin mucho orden, lo admito. Nos marca en su página 122 “dos reglas fundamentales en una democracia que funciona: la tolerancia mutua y la contención institucional”. Me temo que nuestra pobre democracia también adolece de este mal. En ningún partido hay tolerancia, en ninguno, repito, ni respeto. Y la contención institucional solo la percibo en la Corona (no me considero monárquico, pero las virtudes hay que reconocerlas) y el Ejército (afortunadamente, porque suele ser el elemento definitivo en la desestabilización). Aparte de estas dos instituciones, el resto del tejido institucional español, sin excepción, está en un puro desenfreno.

La evidente animadversión entre los principales partidos políticos -PP y PSOE- solo sirve para radicalizar las posturas y que todo se plantee en el binomio ganar o perder. Como nadie quiere perder, los propios diputados escondidos al calor del presidente del gobierno priman la defensa del líder, al cumplimiento de sus deberes constitucionales.

Llevo ya mucho tiempo preguntándome si no habrá un puñado de ellos que se rebele contra esta situación ilegal, inmoral y vergonzante que estamos viviendo en España. Alguno que alce la voz, no para dimitir y dejar el escaño a otro, sino para cumplir con sus obligaciones y provocar una convocatoria de elecciones libres donde podamos decidir qué país y qué futuro queremos. Para ello, para que sean libres, es irrenunciable también que los partidos políticos pongan las cartas sobre la mesa y nos digan antes de votar, qué proyecto tienen (el de verdad) y con quién lo van a aplicar en caso de necesitar apoyos para lograr las mayorías.

No podemos dejarnos robar la democracia y con ella la libertad que nos corresponde por derecho natural. Pero tenemos que luchar inopinadamente para defenderla. Nada es gratis y los españoles estamos acorchados y anestesiados. Parece que siempre hay algo más importante que hacer que defender nuestros derechos. Nos decimos: hay que hacer algo; pero cuando llega el momento de demostrar el movimiento, nos quedamos esperando a que se muevan otros.

No es el objeto de este blog alargar mucho cada entrada. El libro que me ha servido de guía tiene muchísimo más contenido y reflexiones muy valiosas que sugiero leer.

A modo de conclusión, también nos recuerdan Steven Levitsky y Daniel Ziblatt que “la ciudadanía suele tardar en darse cuenta de que la democracia esta siendo desmantelada aunque ello suceda a ojos vistas”. Por favor, ábranlos, luego será demasiado tarde. Y, en el futuro, no deleguemos totalmente en los políticos nuestra libertad y búsqueda de la felicidad. Es nuestra responsabilidad protegerlas. Permanezcamos atentos

10/6/25

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