Me atrevo a cambiar la leyenda de los billetes de un dólar americano,“in God, we trust”, por “in God…, I´m Trump”, para llamar la atención sobre este personaje vanidoso, megalómano, soberbio, ordinario, vulgar, matón, pendenciero … (esto me perseguirá si algún día quiero ser presidente del gobierno e, incluso, si a alguien se le ocurre darme un Goya o un Óscar). Trump es un ególatra con un poder extraordinario, pero no omnímodo. Abarca los Estados Unidos, sí, pero no a todo el planeta como él y muchos deben pensar. Trafica y extorsiona con el miedo. Con el miedo que los más débiles y desafortunados siempre tienen a los más fuertes. Trump, Putin, Xi Jinping, Jameni, Nethayahu, (todos ellos mayores de setenta años), el Régimen Iraní, el terrorismo internacional y algunos más están haciendo retroceder a la humanidad a épocas en las que el miedo y la fuerza eran los únicos argumentos. Algunos de ellos han sido incluso votados en sus países. Otros imponen su voluntad en férreos sistemas dictatoriales. Pero todos ellos unidos en impulsar ese retroceso.
Estos días hemos visto como en la Casa Blanca se cometía un atropello con el presidente de Ucrania. Es así como lo han calificado los medios de comunicación y algunos dirigentes. Para mí es algo más que eso. La televisión ha retransmitido al mundo la comisión de un delito. Lo sucedido puede calificarse de amenazas y coacciones. Lo lleva haciendo la Mafia en Sicilia, Chicago, Nápoles, Nueva York … desde generaciones. Me quedo con tus riquezas naturales a cambio de protección y si no me las das, mi amigo el sátrapa y yo te machacamos a ti y a tu gente. ¿Cómo se calificaría esto en un tribunal si los autores no fueran el presidente y el vicepresidente de los Estados Unidos?
Trump está rodeado de una serie de empresarios que asocian inteligencia a éxito económico. Que equiparan gobernar un país con gestionar. Ninguno de los que rodea a Trump, ni el propio Trump, tiene intención de gobernar, lo que quieren es gestionar. Eso implica enfocarse solo en los recursos y su productividad. Las políticas sociales, los derechos individuales, la protección de quien no puede hacerlo por sí mismo (no de quien no quiere), el progreso de la sociedad en su conjunto, no son asuntos que preocupen a los gestores. Su objetivo es maximizar el beneficio en su propio interés. Gobernar también implica tomar decisiones que no necesariamente conllevan un resultado económico, pero sí facilitan a las personas alcanzar sus objetivos vitales.
Algunos hemos admirado el constitucionalismo americano, el perfecto equilibrio de poderes, los contrapesos institucionales que han servido para avanzar en libertades, derechos y obligaciones. Qué decir de la independencia de criterio y voto de los congresistas y senadores. Nos enseñaron que se debían a sus votantes antes que a sus partidos. Con qué envidia hemos llegado a ver cómo votaban en conciencia. Hace unos meses que he dejado en suspenso mi admiración por los Estados Unidos y por sus ciudadanos que han votado mayoritariamente (77 millones de votos) a un dictador vulgar. No quiere esto decir que no entienda sus problemas, ni muchas de las razones que les han llevado a votarle. Tengo una discrepancia total con el fondo y las formas. No se puede, como ya he dicho, jugar con el miedo de las personas; no se puede discriminar tratando igual a quién ha delinquido con quién ha llevado una vida ordenada; no se puede maltratar y acosar al presidente de un país invadido por un enemigo feroz. Y las formas, citando a Karl Marx, “el medio forma parte de la verdad tanto como el resultado. Es preciso que la búsqueda de la verdad sea a su vez verdadera”1. Cómo se alcanza un acuerdo de paz, es tan importante como la paz en sí misma. Eso la hará equilibrada, libre de rencores y duradera.
No soy un europeo ignorante, iluso y acomodado que piensa que todo se resolverá con buenas palabras y cumbres diplomáticas. No es Europa, somos cada uno de los europeos, los que tenemos que reforzarnos, en el sentido de hacernos más fuertes, y ser capaces de soportar lo que venga como lo han hecho nuestros antepasados en situaciones mucho peores. Y, por supuesto, los gobiernos de Europa y la UE deben actuar de forma rápida, consensuada y contundente. Tomando decisiones que seguramente van a ser impopulares e incluso extremadamente duras como pueden ser la revisión de quién debe seguir en el club y quién no.
Los Estados Unidos han traicionado a sus aliados occidentales y a todos los ciudadanos del mundo que creían en unos valores y principios que suponíamos compartidos. Esta traición debe servirnos para madurar y reafirmar nuestra forma de vivir a la europea. No significa que no tengamos que corregir nuestro modelo. Por supuesto que sí, hay aprendizaje en esta situación. Tenemos que aprender que nuestro proyecto vital no es regalado. Es inexcusable trabajar y luchar por lo queremos. Recuperar la capacidad de esfuerzo, autoexigencia y responsabilidad que hemos demostrado durante siglos. Impulsar la creatividad, el pensamiento, la filosofía, el humanismo; pero también la industria, la tecnología, las ciencias de la salud etc. Derribar todo el entramado burocrático, subsidiado e inútil que hemos creado. No tener miedo a reformar profundamente la casa común. Esa es nuestra obligación y una necesidad de supervivencia. Estados Unidos es esa pareja que nos ha dicho que no quiere seguir saliendo con nosotros, que no quiere saber nada de nosotros. Solo queda, después de llorar un par de días, ir a buscar nuevos amigos, nuevos aliados, nuevos socios comerciales. Los hay y no son pocos.
Es importante diseñar (en poco tiempo) un plan estratégico de competitividad y alianzas. Buena parte del trabajo lo hizo Draghi, solo hay que ojear el informe “The future of European competitivenes” de septiembre/2024 donde hay muchas áreas sobre las que ya se puede trabajar.
Europa debe ser lo suficientemente estratégica como para reclutar todo el talento que hay en Estados Unidos, que ahora está frustrado con la nueva administración, que no comparte sus valores ni objetivos, y traerlos a Europa a trabajar y a participar en el verdadero impulso que en todas las áreas necesitamos. Es una cuestión de presupuesto. Solo hay que ofrecerles buenos empleos, buenas condiciones de vida y buenos proyectos profesionales, con dotación económica suficiente y la menor burocracia posible. Atraer miles de personas con talento a trabajar para Europa tiene un coste que, sea el que sea, Europa puede asumir. Más caro será no hacerlo. Estoy convencido de que este será un elemento clave para el resurgir de Europa en un medio plazo.
Estamos viviendo un cambio de época, como el paso del medievo al renacimiento, o de la edad moderna a la contemporánea. Nuestro principal problema es no darnos cuenta de que está pasando y no ser capaces de colaborar y aportar para que ese cambio nos lleve a una época más luminosa. De momento no lo parece, pero no creo que todo esté perdido. Hay que poner toda la energía en esto y dejar espacio para tener un proyecto ilusionante de sociedad y de vida. Una sociedad en la que todos podamos defender “como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, (declaración de independencia de los Estados Unidos de América). Estos tiempos pasarán. Yo sigo creyendo en esos derechos inalienables, que es posible alcanzarlos y seguiré defendiéndolos.
Gracias.
7/3/25
1Cita tomada de “Las Cosas”, Georges Perec
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